Disfunciones sexuales

Disfunciones sexuales masculinas


Disfunción eréctil

Muchas personas padecen problemas sexuales que cuesta identificar y también expresar tanto con amigos como con la familia y con la pareja, algunos lo sufren desde el inicio de sus relaciones sexuales y en otros empiezan a surgir tras varios años de tener experiencias sexuales que afirman como satisfactorias y de las que se sentían seguros.

Una vez que la persona se atreve a pedir una valoración especializada por parte del profesional y se identifica cuál es el problema por el que no puede tener relaciones sexuales adecuadas, se comienza con la intervención. Es importante para realizar una terapia donde se trabaje el problema sexual descartar primero que no existe ningún problema físico que determine la causa del problema.

Lo más frecuente es en los problemas de erección que la causa sea psicológica, a muchos pacientes les cuesta identificarlo, pero una vez que se explica el mecanismo y los motivos por los que esto ocurre se sienten aliviados y motivados para trabajar en el plano psicológico y conseguir sus objetivos a nivel sexual.

Existen muchos mitos acerca del rendimiento sexual del hombre y muchas expectativas acerca de cómo tienen que ser las relaciones sexuales, una vez que se trabaja la parte cognitiva, emocional y conductual el paciente va mejorando aumentando su confianza y seguridad personal.

El problema más frecuente que explica la disfunción eréctil es la ansiedad de rendimiento, esto quiere decir, que la persona piensa en cómo tiene que desarrollarse la relación sexual y con ello la penetración fijándose tanto en la erección que por esta misma razón hace que se produzca la pérdida de la misma, en este momento la persona se preocupa, le genera ansiedad, culpa frustración… que influye en la siguiente relación sexual y así sucesivamente favoreciendo que la persona evite, en algunos casos las relaciones íntimas por miedo a que se vuelva a producir la misma situación. En algunos casos, este problema puede ocurrir en el momento de la penetración, en otros al comienzo de los juegos preliminares y en algunos casos puede bloquear la respuesta sexual incluso en masturbación.

Tras varias sesiones de tratamiento el paciente nota una gran mejoría pudiendo retomar sus relaciones sexuales. En el caso de que exista algún otro factor asociado, tratando estas variables también se puede ir mejorando la erección y la confianza del afectado. Nos referimos por ejemplo a dificultades en la autoestima, otros problemas de pareja asociados o alguna experiencia traumática, entre otros.

Eyaculación retardada

Según el DSM-5 manual diagnóstico de los trastornos mentales, la característica distintiva de la eyaculación retardada es el retraso marcado o la incapacidad para alcanzar la eyaculación. El varón refiere dificultad o incapacidad para eyacular a pesar de la presencia de estimulación sexual adecuada y de deseo de eyacular. La dificultad suele aparecer durante la actividad sexual con una pareja. Ocasiona malestar en la persona y en su pareja, pudiendo prolongar el tiempo de la actividad sexual llegando a producir molestias en los genitales y agotamiento. Después de momentos de tensión, y de intentar resolverlos por sí mismos, algunas parejas comentan que repercute en otros aspectos de su relación generando malestar, e incluso suponerles un problema a la hora de querer tener un hijo.

En el momento que la persona con un problema de eyaculación retardada decide valorar que necesita ayuda, hay que descartar que no se trate de otro problema médico como por ejemplo de tipo hormonal o genital. Una vez realizado el diagnóstico hay que ir trabajando a nivel terapéutico los factores que han ido influyendo durante la vida sexual del paciente para ir ajustando el tratamiento a su historia personal y así poder ir trabajando punto por punto aquello que le esté afectando para propiciar el problema de eyaculación.

En algunos casos, por intentar prolongar la actividad sexual puede que se haya generado gran control eyaculatorio que explique la disfunción después de tiempo con esta intención, otras veces por miedo a embarazos no deseados se genera mucha tensión durante la penetración generando dificultad en la eyaculación, estas pueden ser algunas ideas que estén en la base del problema, pero faltan aspectos que habría que ir valorando para explicar el mantenimiento de la disfunción.

Poco a poco, tras ir trabajando los aspectos psicológicos que influyen y manejando la forma de enfrentarse a la relación sexual de otra manera, con ejercicios para realizar en casa, sólo o en pareja, el paciente va mejorando el reflejo eyaculatorio pudiendo ir retomando sus relaciones sexuales de forma satisfactoria.

Eyaculación precoz

La eyaculación precoz consiste en una falta de sensación de control durante la relación sexual bien sea durante la penetración o sin que ésta llegue a ocurrir. La principal demanda terapéutica suele ser el interés por aumentar la duración de la relación sexual y de la erección queriendo retrasar la eyaculación. En muchas ocasiones el varón refiere no poder tener un contacto con otra persona aunque sea a través del roce, sin que se produzca la eyaculación. Hay que valorar cuando se refiere esta disfunción si ha ocurrido durante toda su vida sexual o si es algo que esté sucediendo en este momento, ya que la intervención se planteará de forma diferente.

En algunas ocasiones comentan que intentan distraerse o pensar en otra cosa durante la penetración para así tratar de durar más, existen muchos mitos en relación a las relaciones sexuales y muchas expectativas sobre el rendimiento durante las relaciones que muchas veces influyen de forma negativa en las parejas y en el desarrollo de la intimidad sexual.

La intervención psicológica, después de descartado ningún problema médico que influya en la presencia de la disfunción, pasa por ir revisando estas ideas o concepciones de los afectados y sus parejas para conocer bien cómo funciona la sexualidad y qué se puede esperar. Este proceso de psicoeducación suele aliviar y generar mucha más confianza y normalidad en la vida sexual de las personas que acuden a una terapia sexual.

En el caso concreto de un problema de eyaculación precoz, hay que ir valorando también cuáles han sido los intentos de solución previos que ha puesto en marcha el paciente bien de forma profesional, o por su cuenta, para ir entendiendo la dinámica de actuación del paciente y cómo ajustar el tratamiento a su caso para garantizar mayor eficacia. En la mayoría de los casos, se pautan unos ejercicios de “parada y arranque” para que el afectado vaya adquiriendo mayor sensación de control de su eyaculación y pueda dominar mejor su erección y su excitación. Es muy importante que los ejercicios se vayan adaptando a las necesidades específicas de cada persona y a su progreso para ir avanzando sin que se produzca retrocesos y ocasione desilusión, frustración y abandono por parte del paciente en su recuperación.

El tratamiento ha de ajustarse a cada caso concreto para conseguir los objetivos perseguidos, así el éxito estará garantizado.

Disfunciones sexuales femeninas


Trastorno orgásmico femenino

Consiste en un retraso, infrecuencia o ausencia de orgasmo o reducción de la intensidad de las sensaciones orgásmicas.

El paciente puede referir no haber experimentado nunca un orgasmo durante su madurez sexual o si se produce en este momento después de haberlo experimentado en otras ocasiones.

Este problema suele generar mucha confusión porque en personas que nunca han experimentado un orgasmo pueden dudar si lo han tenido o no y a veces ocurre también que la persona puede que piense que sí lo ha tenido pero después de ir valorando en terapia se identifica que no ha sido así.

Las mujeres pueden sufrir este problema sin haberlo hablado con nadie durante mucho tiempo, fingiendo que sí llegan al orgasmo durante sus relaciones sexuales por miedo al rechazo de su pareja, vergüenza, desidia en otros casos, mermando las posibilidades de disfrutar de una vida sexual plena.

En muchos casos, sucede que este problema va asociado a otras disfunciones sexuales como falta de deseo, o incluso vaginismo o molestias y dificultad en la penetración.

Se han observado muchos factores que inciden en la presencia de anorgasmia, como ansiedad o preocupación
por el embarazo, otros problemas de salud mental, ideas religiosas, inseguridad corporal, consecuencias médicas o efectos de medicamentos, estrés en la pareja o en otros aspectos de la vida de la persona que influyan en los momentos de la relación sexual.

Una buena valoración hace que se vayan aclarando las razones por los que la persona presenta esta dificultad, generando gran alivio y esperanza, ya que muchas mujeres comentan que les influye en su autoestima, en su relación de pareja, llegando a verbalizar a veces que sienten menos “mujer” por padecer esta dificultad. Genera también falta de intimidad favoreciendo que se evite tener relaciones sexuales comprensible también por la falta de disfrute o no todo el que pudiera ser durante sus relaciones.

En una terapia psicológica después de descartar ningún problema médico y valorado bien el problema, se ayuda a entender al paciente qué es lo que está pasando y cuáles son los pasos a seguir para conseguir un orgasmo. Los ejercicios que se van pautando ajustados a cada caso en concreto y a la situación vital actual de cada persona van aumentando la confianza y la seguridad de la mujer siendo cada vez más factible conseguir orgasmos de forma natural y satisfactoria que planteen las relaciones sexuales de otra manera más sana y positiva para la persona.

Vaginismo o trastorno de dolor génito-pélvico 

¿Tienes dificultades para mantener relaciones sexuales?

¿Dolor en la zona genital?

¿Te preocupa sentir dolor durante la penetración?

O ¿Te notas muy tensa durante las relaciones en la musculatura pélvica?

Si te sientes identificada con alguna de estas cuestiones podríamos estar hablando de un problema de vaginismo o de dolor génito-pélvico/penetración como identifica actualmente el DSM, manual diagnóstico de los trastornos mentales.

En este caso, sería conveniente consultar con un profesional para valorar de qué se trata y poder realizar el tratamiento oportuno y mejorar así la vida sexual de la persona que sufre estas sensaciones.

Después de descartar cualquier problema físico, se procede en la consulta psicológica a evaluar los factores que pueden haber llevado a este problema, que cursa con gran malestar, sentimientos de miedo, desconfianza en una misma y evitación en muchos casos de la intimidad y las relaciones sexuales. Algunas veces el problema llega incluso a que la persona no pueda acudir a una exploración ginecológica o a utilización de tampones, generando gran rechazo a toda la zona genital.

Es verdad, que el tema sexual todavía genera mucho malestar, vergüenza, problemas de autoestima y se entiende la dificultad de pedir ayuda en muchos casos, sin embargo, poder tener una vida sexual satisfactoria es garantía del bienestar de la persona y sus relaciones personales, no sólo con su pareja sino en otros contextos, favoreciendo seguridad personal y un estado de ánimo positivo.

La educación sexual que se haya recibido, ideas que se han ido aprendiendo, mitos que se hayan escuchado, temor a posibles embarazos, infecciones en la zona genital, malas experiencias sexuales, pueden ser algunos de los motivos que han generado los síntomas.

Cómo consecuencias de este problema, podemos valorar en algunas ocasiones otras disfunciones como deseo sexual inhibido, siendo éste el más frecuente, problemas de pareja, de autoestima, de ansiedad, del estado de ánimo, problemas en la imagen corporal.

Muchas veces, nos encontramos en la consulta, con personas que acuden a tratamiento cuando quieren tener hijos, ya que hasta entonces, habían ido conviviendo con el problema más o menos como podían, aunque frecuentemente es motivo de deterioro en la relaciones de pareja, o en el hecho de plantearse ni siquiera tenerla.

En la terapia psicológica, una vez identificados los factores que han ocasionado este problema, se procede al aprendizaje de las herramientas oportunas para ir mejorando las relaciones sexuales y superar el miedo, el dolor y la evitación ante la penetración o ante la intimidad sexual.

Es importante buscar la forma de relacionarnos con nuestro cuerpo de una forma sana superando las dificultes y miedos para poder llegar al máximo de nuestras posibilidades incluso en la faceta sexual.

PsicoCentro Madrid